Cormoranes, charranes y alcatraces anuncian bancos de peces y cambios de viento. Observar sus trayectorias enseña ritmos del litoral y regala pausas fotográficas inolvidables. Mantén distancia, evita colonias en cría y celebra cada encuentro como un privilegio compartido, no como un espectáculo invasivo.
Eneas, barrón y crasuláceas fijan arena y amortiguan tormentas. Camina por sendas marcadas para no quebrar raíces que sostienen el relieve. Aprender sus nombres crea vínculo con el lugar y te convierte en embajador de pequeñas decisiones que mantienen vivo el paisaje.
En bajamar aparecen acuarios naturales llenos de percebes, anémonas y gobios diminutos. Observa sin tocar, evita jabones y guarda tus meriendas lejos de la espuma. Cada poza es una ciudad frágil que resiste gracias a tu curiosidad responsable y a pasos atentos.